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La Coctelera

ASI OS PONEMOS LOS CUERNOS LAS MUJERES

 ASÍ OS PONEMOS LOS CUERNOS LAS MUJERES

 PRESENTACIÓN EN VALLADOLID EL DÍA 25 DE   SEPTIEMBRE , EN LA CASA DE ZORRILLA, A LAS19H

PRESENTACIÓN EN LEÓN, EL DÍA 8 DE OCTUBRE A LAS 20 h EN EL CORTE INGLÉS

  

 

Hace unos meses, la editorial Lobo Sapiens puso en mis manos un arriesgado proyecto: un libro de relatos eróticos escritos por mujeres. Escribir erótica no es nada fácil, hay que saber combinar con maestría los ingredientes para que la historia tenga una buena trama, que sea original, con un" in crescendo" erótico adecuado, trabajado con pasión pero con buen gusto, sin caer en la chabacanería ni traspasar el límite de lo pornográfico. Todo un reto. Las autoras, de distintos puntos de España: Asturias, Barcelona, Madrid, Sevilla, Valencia y Valladolid, con las que compartí la idea son mujeres arriesgadas, y entusiasmadas se pusieron a trabajar en ello. Hoy, con satisfacción, puedo presentaros el libro.
El Libro tiene una atractiva particularidad: se nos filtró un intruso. La autora de uno de los 12 relatos en realidad es un hombre que firma con nombre de mujer. El reto del lector es descubrirlo. Os adelanto que es difícil, sólo las mentes muy intuitivas y a las que no se les escape sutiles matices dará con el intruso.n

Ya me contaréis.

El Libro será presentado en Valladolid, el 25 de Septiembre a las 19h, en la Casa de Zorrilla, y en León el 8 de Octubre en El Corte Inglés.

Os esperamos.

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REMEMBRANZA

CUARTO CAPÍTULO

Enero de 1948.

Los postreros rayos de sol dan paso a la noche que se vislumbra engalanada con las
últimas luces del crepúsculo. La tarde se extingue lenta y perezosa. A la puesta de sol, las cornetas desgarran el cielo con el toque de oración. Los legionarios, firmes, saludan con la mirada fija en la bandera del tercio que se arría lentamente. En lo que duran esos acordes, en el recogimiento silencioso se desatan los recuerdos como olas imparables que lleva y trae la marea: cuando muere una, otra nace y ocupa el lugar de la primera, y a esta la remplaza otra y a la última una más…, así indefinidamente, sin darse tregua, sin que nada ni nadie pueda detener ese ir y venir incesante. En lo que duran esos acordes se encienden las luces de las casas de la blanca ciudad de Tetuán que se recorta en el horizonte al mismo tiempo que en el cielo se asoman las primeras estrellas. Todo eso ocurre en el tiempo que dura el toque de corneta.
Benigno aspira la noche con la misma fricción que consume el cigarrillo que sostiene entre sus dedos. Después de cenar con el resto de la guarnición, ha salido solo a pasear. Entre calada y calada contempla a lo lejos como la ciudad de casitas blancas que bulle inquieta y vivaracha por la mañana ahora duerme a la luz de la luna entre el verde arbolado.
Le habían contado que la noche africana era extraña, que poseía un corazón misterioso que hacía que uno pudiera verse tal y como eran por dentro, y así debía de ser porque desde que escuchó el toque de oración y la noche le fue entrando, no identificó al hombre que ahora cuadraba junto a sus nuevos compañeros con el que meses atrás formaba parte de una contrapartida contra el maquis en el Pirineo y mucho menos con el joven alegre y sereno que paseaba junto a Agustina por las calles de su pueblo. No, no tenía mucho que ver aquel muchacho con el hombre que ahora liaba sus pensamientos a bocanada de cigarro apoyado en la pared del barracón. Sus recuerdos se le antojaban ajenos; los miraba como el espectador de una película cuyo argumento le era conocido. Sin duda se identificaba con algunos rasgos del protagonista, pero esas vivencias que saltaban a golpe de fotograma pertenecían a otra memoria, a otra persona extraña a él. En poco más de un año había vivido demasiadas cosas que le habían revuelto sus cimientos. Se sentía como las serpientes que van mudando la piel y la abandonan al borde del camino. Con cada muda había dejado lo vivido en la piel arrugada y curtida, y con la nueva resurgía otro Benigno, ¿mejor o peor? Distinto, más audaz, más loco, pero también más profundo y reflexivo.
El amor de una mujer le había sumido en un vórtice de locura. Desesperado unas veces la bendecía, y otras la renegaba; pero de no haber sido por ella no se hubiera enrolado en la contrapartida y no hubiera conocido la otra cara de la guerra, ni a Germán, ni a Hilario, ni a rapiñas como Mateo, que también enseñan. De no ser por ella, tampoco estaría ahora en Tetuán, en la legión, como monitor en el uso y manejo del armamento químico. De no ser por ella no sería ahora ese hombre que quema sus pensamientos con la brasa de un cigarro.

PRIMEROS PÁRRAFOS DEL CUARTO CAPÍTULO DE REMEMBRANZA, LA NOVELA EN LA QUE ACTUALMENTE TRABAJO.

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LLUEVE MÚSICA Y ME GUSTA MOJARME


 
LLUEVE MÚSICA Y ME GUSTA MOJARME
 
 Música ardiente, llueve, y al aire golpea,
con ansía la absorbe mi cuerpo en quejido.
Traspasa  fronteras de la compostura,
de lo que lo social llama aceptable.
Yo no me fijo

 Los sones despiertan mi sangre caliente,
Que transgrede normas y recolecta  miradas.
Deseos se estrellan en el volteo de mis pies,
los detengo en el balanceo de mi cintura.
Yo escandalizo
 

Espejos se mueven y el alcohol corre
por los que necesitan algo más que  música.
Febril la absorbo y  la recibo, sin más vehículo que sus propias notas.
Me embriago, gozo y existo por y a través de la danza.
Yo soy música.

 Alguien cierra mis ojos en un pañuelo,
y  la oscuridad se rompe en la voz que me  susurra al oído:
"Déjame bailarte ciega, sólo siente".

Elevo mis brazos al aire. Llueve música
Yo siento.

 Vida y muerte con la  música en danza,
herida por rayo,
traspasada caricia que recorre mi espalda.
Música y manos, vaivén de caderas y cuerpos pegados.
Retiro la venda y emerjo de mi ceguera.
 Me piden: quédate.
Yo me alejo.

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LA LIBÉLULA

 

 

Sipnosis: La libélula es algo más que trece relatos. Trece historias que se sustentan por sí solas, desgranando las etapas más importantes de la vida de la mujer, y el efecto de conjunto de todas ellas, que hará que tras su lectura se descubra el sentido ulterior que las sostiene.
Acompañadas de unas ilustraciones sugerentes y de magnífica factura, realizadas por María Corredera, las páginas de este libro conectan la capacidad narrativa de la autora, de una sutileza sensitiva llena de buen gusto, con la necesidad inherente del lector de encontrar la medida del ser humano en todo aquello que él mismo crea.

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